Rebajas: ¿qué me compro?

Rebajas: ¿qué me compro?

Esa es la cuestión. Comienzan las rebajas y la Dirección General del Consumo nos recomienda mantener una actitud responsable y calcular bien las posibilidades económicas.
Sí, habéis leído bien, y está el link para comprobar que no me lo invento: la Dirección General del Consumo recomienda que no gastes más de lo que puedas gastar. ¿No os hacen sentir como cuando vuestros padres os daban vuestras primeras pagas, os lo gastabais todo, les pedías más y te explicaban que debías haber administrado mejor el que ya te habían dado y que tú ya habías malgastado?
Porque eso era lo que primero aprendías: ni que el dinero suele costar esfuerzo conseguirlo, ni que cuánto más esfuerzo te cuesta, como todo, más lo valoras, ni siquiera aprendías cómo administrarlo. No, lo primero que aprendes cuando empiezas a gastar dinero en algo más caro que las chuches es, además de lo fácil y divertido que puede ser gastarlo, que todo el mundo opina sobre cómo deberías hacerlo. Todo el mundo sabe qué hacer con tu dinero.
Siguiendo con las rebajas, éstas plantean un problema más allá de cuánto gastar, y es ¿en qué gastarlo? Hay varias opciones:
a) Esperar a las rebajas para comprarte ese chaquetón maravilloso que fichaste hace una semana. Error. Gran error. No va a quedar de tu talla, y si hay, será en un color horrible.
b) Comprarte algo que todo el mundo lleva desde septiembre, algo que ha dejado de ser moda para convertirse en una plaga. Error. Se dejará de llevar en un par de meses. Lo sabéis, de frío sólo quedan 2 meses, puede que menos, y según la zona del país ni eso. Si has pasado sin esa prenda de tendencia desde octubre-noviembre, podrás sobrevivir sin ella en enero-febrero.
c) Comprarte una insulsez del tipo tus cuartos pantalones negros. También es un error. En este caso porque es una comprar frustrante, aunque estén rebajados.
d) Invertir en prendas básicas, esto es, prendas de fondo de armario: hazte con unos vaqueros, camisas blancas, camisetas negras para salir por la noche, jerseys de punto, una gabardina, un traje pantalón, un little black dress, etc. todo de una calidad suficientemente buena como para que te dure más de una temporada en perfecto estado. Ya sabéis entonces a qué tiendas no ir. La rebaja puede que no sea muy alta, pero es una inversión, y sabes que lo llevarás y lo amortizarás.
e) Finalmente, una opción sólo viable para aquellas que no tienen problema en no ir vestidas como todo el mundo, pero que les gusta seguir las tendencias (aunque nunca se sabe): Compra cosas que vayan a llevarse en primavera. Repásate los desfiles, cómprate revistas de cotilleo, navega por People, navega por tus blogs de moda favoritos, y ficha en Style Diary (lleva su tiempo, pero encuentras ideas muy inspiradoras) y The Sartorialist. Vale, tus amigas Sólo-leo-la-Telva-qué-pena-que-no-haya-ganado-Paloma-Cuevas-en-las-elegantes-del-Hola y Quiero-ser-como-Carrie-eso-no-se-lo-he-visto-a-Kate-ni-lo-vende-Zara, entendidas en moda oficiales de todo grupo de pijas (lo somos, lo somos) que se precie, te mirarán mal; pero abril llega un plis-plas y entonces sólo tendrás que desquitarte con un “Buff, ¿azul eléctrico? a mí ya me aburre”.
No os estreséis, no discutáis con la dependienta, no os peguéis con las demás “rebajistas”, gastaos lo que os dé la gana en lo que más os guste, y, sobre todo, no os dejéis colar taras ni manchas. ¡Felices rebajas!